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PRIMERA LEY - ISAAC ASIMOV

Actualizado: 16 nov 2022

Esta es una historia originalmente de Isaac Asimov, nosotros la hemos pervertido, hemos agregado una que otra escena y un final más, divertido. GRIMORIA les invita a escuchar el relato que inició la famosa especulación sobre las LEYES ROBÓTICAS de Isaac Asimov. Según estas, si inventáramos compañeros mecánicos para ayudarnos en nuestras tareas, la única manera en la que podrían servirnos funcionalmente sería desproveerlos de la intención de hacer daño a cualquier ser humano ya que, incluso una conciencia sería útil para nuestros fines civilizatorios.





 


Mike Donovan miró a su botella de cerveza vacía. Aburrido y con sed, decidió que había escuchado suficiente. Dijo muy alto para todos los de la mesa:


“Si vamos a hablar de robots inusuales, una vez conocí a uno que desobedeció la Primera Ley”.


Y ya que eso era completamente imposible, todos se quedaron callados y miraron a Donovan.


Donovan se arrepintió y cambió de tema. “Escuché también un muy buen chiste ayer”, dijo, conversando, “trataba sobre…”


MacFarlane, junto a Donovan dijo, “¿Dices que conociste a un robot que hirió a un ser humano?” Eso significaba desobedecer a la Primera Ley, por supuesto.

Algo así,” dijo Donovan. “Pero les estaba contando sobre…”


“Cuéntanos de este... robot asesinodijo MacFarlane.


Los otros golpearon la mesa con sus cervezas, emocionados por la historia.


Donovan la contó lo mejor que pudo:



 


“Sucedió en Titan como hace diez años,” dijo, pensando rápido. “Sí, fue en el 25. Habíamos recibido un cargamento de un modelo nuevo de robots, especialmente diseñados para Titan, una luna de Saturno muy rica en oro y otros minerales preciosos. Fueron los primeros modelos MA. Los llamábamos Emma Uno, Dos y Tres.” Chasqueó sus dedos pidiendo otra cerveza al mesero.


MacFarlane dijo, “He trabajado en robótica la mitad de mi vida, Mike. Jamás he escuchado de un robot de modelo MA”.

“Eso es porque los sacaron del mercado justo después de que pasó lo que les voy a contar ¿Nunca escuchaste lo que pasó?”.


“No”.


Donovan continuó. “Pusimos los autómatas a trabajar apenas llegaron. Verás, hasta entonces, la base había sino un moridero inútil durante la temporada de tormentas, que sucede durante el ochenta por ciento del tiempo en el que la luna tarda en darle la vuelta a Saturno, como unos cinco meses terrestres. Durante las terribles tormentas no podíamos encontrar la base hasta que estuviéramos como a cien metros de ella. Las brújulas no sirven, por el extraño campo magnético de Titán.


La virtud de estos robots MA radicaba en que estaban equipados con vibro-detectores de un diseño novedoso que permitía que pudieran encontrar la base como una abeja encuentra su colmena, a través de cualquier cosa, eso significaba que la minería podría realizarse durante todo el año. Y no digas nada, Mac. Los vibro-detectores también fueron purgados del mercado, por eso jamás han escuchado de ellos”.


MacFarlane tosió, escondiendo las palabras que iba a decir: “Mentiroso, gorrero”.


Pero Donovan siguió con la historia. “Los robots funcionaron bien durante las tormentas, pero al inicio de la temporada de calma, Emma Dos empezó a actuar raro. Se la pasaba vagando fuera de los límites y tuvo que ser reprogramada. Finalmente, se escapó de la base completamente y jamás regresó. Pensamos que era un defecto de fábrica y continuamos trabajando con solo dos robots. Pero esto significaba que estábamos cortos de manos, más bien cortos de máquinas. De cualquier manera, al final de la temporada de calma, alguien tenía que ir a Kornsk. Yo me ofrecí a ir sin robot guía. Parecía seguro; las tormentas no iban a llegar sino hasta dentro de dos días y yo me iba a demorar solamente veinticuatro horas en ir y venir.


Estaba llegando de regreso a la base, cuando el viento empezó a soplar fuerte y el aire a espesarse. Todas las alertas se encendieron y aterricé mi aeromotor inmediatamente antes de que el viento le golpeara, ubiqué la base y empecé a correr. Podía fácilmente correr lo que faltaba, con la gravedad tan baja. No era mucho. El problema era hacerlo en línea recta, no puedes ni caminar en línea recta con una gravedad diez veces menor a la de la tierra. Mi reserva de aire era amplia y las bobinas de calor de mi traje estaban funcionando bien, pero diez metros en una tormenta de Titán son una eternidad.


Entonces, las nubes oscurecieron todo. Anocheció, incluso Saturno se opacó y el sol ya no era más que un pálido lunar. Me detuve y me incliné contra el viento, entrecerrando los ojos y subiendo al máximo la intensidad de las luces exploratorias de mi casco. Había una silueta negra frente a mí. A duras penas podía distinguirla, pero sabía lo que era. Era un Perro Trueno; el único ser viviente que podía soportar una tormenta en Titán y el ser más perverso y cruel que puede existir en cualquier planeta. Sabía que mi traje espacial no me protegería, una vez saltara hacia mí. En la pésima iluminación, solo tendría un tiro de gracia. Un disparo era todo lo que tenía.


Retrocedí lentamente y la sombra me siguió. La tormenta empezó a tronar, la lluvia empapó mi traje, los vientos me impedían caminar; no tenía claridad de mis movimientos. Toqué la cacha de mi pistola, le quité el seguro sin sacarla de la funda, pude escuchar cómo la batería recargaba un solo disparo, el único del que disponía. Recé a pesar de ser ateo, rogué al cielo por ayuda. Paso a paso fui desenvainando y, aunque no podía ver al mortal depredador de esta lejana luna de Saturno, podía sentir su mirada devorándome, podía escuchar su amenazante gruñido, anticipándose al irreversible futuro.


El perro saltó, buscando morderme el pie izquierdo. Yo solamente me moví hacia un lado y apunté ciegamente al canino.


Disparé,


pero había fallado, terriblemente, mi pie ahora estaba expuesto a la terrible atmósfera de la luna. Podía sentir el tenaz frío de treinta grados bajo cero atacando cada fibra de mis músculos.”


Donovan se arrodilló y se arremangó la bota del pantalón: tenía una prótesis cibernética, bastante funcional, pegada a un muñón de lo que había sido un pie. Le dio un golpecito con su botella de cerveza y la hizo sonar. Después, continuó:


“Grité y creí ver, entre la oscuridad, las fauces del animal riéndose de mí o jadeando, ofensivo, tenaz.


Me di por vencido, iba a morir.


Pero vi una sombra más grande atravesarse entre los dos. Era Emma Dos, el robot MA que se había perdido. No sé por qué le grité, no sé qué me pasó por la cabeza, solo aullé,


“EMMA BABY, DALE DURO A ESE PERRO PARA PODERNOS IR A DORMIR”

Ella sólo me miró, como si no me hubiera entendido y me dijo, “Maestro, no dispare. No dispare”.

Emma extendió su pinza derecha, alargando su brazo dos o tres metros a una velocidad imperceptible para el peligroso animal. Le agarró por el cuello, mientras chillaba en la icónica voz triple de los caninos de Titan. Emma retrajo la pinza y siguió caminando, ignorando mis gritos.


“ACABA CON ESE MALDITO PERRO EMMA”

Le gritaba y ella me ignoraba. Le grité las ordenes de obediencia, pero me ignoró. Grité y grité mientras la silueta se alejaba y el robot, simplemente, me dejó allí, a morir en la interminable tormenta”.


Donovan pausó la historia dramáticamente, tomó un sorbo largo de cerveza y miró dentro de sí como lo hacen las personas que han visto a la muerte de cerca. “Tuve miedo porque ¿Saben? La Primera Ley dice que un robot no puede herir a ningún ser humano, ni siquiera por inacción. Emma me había dejado allí, muriendo. Ella había roto la Primera Ley.


Por suerte, con toda mi determinación, me arrastré usando lo que restaba de mi intuición. En la baja gravedad pude avanzar más rápido de lo que hubiera podido en este planeta. Alcancé al aeromotor, me contacté de emergencia a la base y, en menos de una hora, llegó alguien a rescatarme con uno de esos desgraciados modelos MA para guiarse. Por primera vez en la vida había entendido que estos seres no eran herramientas nuestras, que no eran como tener una moto o un carro. Ellos no eran pertenencias, sino seres salvajes y peligrosos.


Emma Dos jamás regresó a la base. Unos años más tarde, un explorador la vio, junto a una madriguera de perros. Emma se había encariñado con esa fea plaga. Ella demostraba un amor maternal a la manada de depredadores. Si yo fuera gobernador de Titán, habría acabado con esos monstruos”.


Donovan bebió el último sorbo de cerveza que le quedaba y se sentó. Todos entraron pensativos, tratando de entender lo que recién les habían contado. Entonces MacFarlane fue el siguiente en hablar:


“Te creo Donovan, es una muy buena historia. Pero, si yo hubiera sido Emma Dos, por supuesto que habría dejado morir a un desgraciado tan feo como tú”.


Y las risas en el bar se hicieron escuchar a través de la tormenta radiactiva, que rugía salvaje en algún lugar del misterioso Júpiter.



FIN.

MICHAEL WHENLAN fue un fantástico ilustrador nacido en los años 20 que nos ha dejado ilustraciones como esta, dejándonos sin aliento y por nuestra cuenta en un territorio inhóspito, para siempre.




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