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Salió en las fotos

Actualizado: 16 ago 2021

Este es un relato sobre esos fantasmas a los que les gusta aparecer en fotos grupales o de familia y que son muy cariñosos por naturaleza.


Revelamos las fotos el lunes por la mañana. Las estábamos mirando y esa persona estaba otra vez ahí. Como siempre, no se le veía el rostro y no se sabía si era hombre o mujer. Una extraña sombra le cubría los ojos. Solo le podíamos ver la boca, siempre sonriendo. Una sonrisa perversa y burlona.

Al principio pensamos que había sido un error de la cámara, el flash o algo así. Solo salía en fotos con mucha gente. Pensábamos que alguien en el fondo de una foto en un concierto se parecía mucho a alguien que salía en el televisor justo cuando nos tomábamos una foto de cumpleaños.

En un paseo a la playa, una vez encontramos fotos que no habíamos tomado. Alguien había ido a la playa en la noche, frente a nuestro hotel y se había tomado fotos. La Sonrisa se aparecía en dos de las fotos, sus ojos se podían ver y miraban profundamente al lente. Era un rostro que no era ni el de un hombre, ni el de una mujer, con un poco más de cuarenta años y con una camiseta muy larga.

Esta bella ilustración de Doré, sobre El Cuervo de E.A. Poe, nos recuerda que son esas cortinas con las que cerramos nuestro mundo al exterior, esas mismas que están empolvadas de recuerdos borrosos, las que nos hacen ver fantasmas.


Mi hermanita dice que esa es la persona que llora por las noches en su cuarto. Cuando le preguntamos cómo era, ella dice que dice groserías en voz baja mientras llora, escondida en el armario. A veces no la deja dormir en toda la noche.

Después fue un perfil en facebook. Alguien con nombre de La Abu nos había enviado una solicitud de amistad. No tenía ningún amigo. Cuando aceptamos, nos enviaba fotos de nosotros en momentos del día, tomadas sin que nos diéramos cuenta. Eran recuerdos de alguien que había vivido mucho tiempo junto a nosotros. Si este era un fantasma, nos tenía aprecio, pensamos. La Abu nos enviaba mensajes con fotos de la casa cuando no estábamos. Eran imágenes muy tristes y desoladoras.

No supimos nunca cómo comunicarnos con ella, le respondíamos con texto, le enviábamos mensajes, pero no respondía. Nos dijeron que intentáramos con la Quija y que de pronto podría. Conseguimos una en donde una tía, ella decía que esa servía muy bien.

Hicimos todo el escenario. Pusimos cortinas negras, velas, pentagramas de tiza y conseguimos túnicas espiritistas. Conseguimos el sacrificio, lo pusimos en la piedra ritual y colocamos nuestras copas sacramentales en cada uno de los cuatro puntos cardinales. Llamamos a los antiguos demonios que habitan en las profundidades de los sombríos páramos, siempre sedientos del calor que solo pueden adquirir por la sangre inocente derramada ritualmente.

Así pudimos traer a La Abu, ahora vive con nosotros. Le gusta mucho tomar fotos. No habla español, no habla nada. Vivió tanto tiempo sin hablar que se le olvidó. Somos una familia feliz, ella nos va a cuidar ahora.

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