El Hobbit Capítulo 2 - Carnero Asado I

En el capítulo anterior de nuestra versión de Grimoria de El Hobbit, Bilbo había recibido una visita de trece enanos y un mago de barba blanca que lo raptaron para comer con él, cantarle canciones de despecho para enanos y tentarlo a una pirámide con nombre de aventura. La noche terminó con Bilbo acostándose muy tarde, furioso y sin ganas de salir de su casa, pero con las canciones de los enanos zumbándole en los oídos.  Bilbo se levantó de un salto y poniéndose la bata entró en el comedor. No vio  a nadie, pero sí las huellas de un enorme y apresurado desayuno. Había un  horrendo reguero. La loza estaba sucia y se apilaba por montones.  Se sintió triste porque todos se fueron sin avisarle.   —No sea tonto, Bilbo Bolsón —se dijo—, ¡ahora se puso con bobadas de dragones! — Y se puso manos a la obra y a hacer oficio. Después desayunó. A media comida, Gandalf entró a su casa.  —Buenas noches mi querido amigo —dijo—, ¿Cuándo vas a partir? Aquí estás tomando el desayuno, o como quiera que llames  a eso ¿a las diez y media? Te dejaron un mensaje, no podían esperar.  

—¿Qué mensaje? —dijo el pobre Bilbo.    —¡Por todo lo grande del mundo! —respondió Gandalf— Limpia esa repisa que está bien sucia. Si la hubieras limpiado, habrías encontrado esto debajo del reloj —dijo  Gandalf alargando una nota: "Thorin y Compañía al Saqueador Bilbo, ¡salud! Nuestras más sinceras gracias por  su hospitalidad y nuestra agradecida aceptación por habernos ofrecido  asistencia profesional. Condiciones: pago al contado y al finalizar el trabajo, hasta un máximo de catorce partes de los beneficios totales; todos los  gastos de viaje garantizados en cualquier circunstancia; los gastos de posibles  funerales los pagaremos nosotros o nuestros representantes, si hay ocasión y el asunto no se arregla de otra manera. Creyendo innecesario perturbar vuestro muy estimable reposo, nos hemos adelantado a hacer los preparativos adecuados; esperaremos a vuestra respetable persona en la posada del Dragón Verde, junto a Delagua, exactamente a las 11  a.m. Confiando en que sea puntual.   Tenemos el honor de permanecer sinceramente suyos.

Cordialmente,  Thorin Escudo de Roble, hijo de Gloin, Rey bajo la Montaña.  Thorin y enanos aventureros. S.A.S."   —Esto te da diez minutos. Tendrás que correr —dijo Gandalf.   —Pero... —dijo Bilbo.   —No hay tiempo para eso —dijo el mago.   —Pero... —dijo otra vez Bilbo.   —Y tampoco para eso otro ¡Vamos, adelante! Se te hizo tarde.  Bilbo no alcanzó a recordar cómo se encontró fuera, sin sombrero, reloj, dinero, su libreta, su libro de la semana, su libro por si se aburría del libro de la semana, su diccionario, su maletín especial de cuero de novillo importado, sus gafas, su pluma de escritura extraplus II o cualquiera de las cosas que acostumbraba llevar cuando salía, dejando el segundo desayuno a medio terminar, casi sin lavarse la cara, medio afeitado y dejándole las llaves a Gandalf, corriendo callejón abajo tanto como se lo permitían los pies peludos, dejando atrás el gran molino, pasando las caballerizas de ponys, rodeando la plaza artesanal de La Colina, cruzando el río y continuando así durante una kilómetro o más.   Resoplando llegó a Delagua, en un pueblito de casitas de paja. Apacible y tranquilo como todas las cosas de La Comarca, pero al límite de los dominios pacíficos de los Hobbits. Llegó cuando empezaban a sonar las once.

—¡Bravo! —dijo Balin, que estaba de pie a la puerta roja de la posada, esperándolo.  Y entonces aparecieron todos los demás doblando la curva del camino que venía  de la villa. Montaban en ponys y de cada uno de los caballos colgaba toda clase de maletas, bultos, paquetes, herramientas, armas y chismes varios. Había un pony pequeño, de él colgaba un letrero muy elaborado en bronce que decía: para el señor saqueador experto, el excelente Bilbo Bolsón.    —Buenas noches Bilbo Bolsón, apresúrese que el tiempo apremia —dijo Thorin

—Lo siento terriblemente —dijo Bilbo—, pero en la prisa no traje mi sombrero, mi bolígrafo, mi diario, mi afeitadora de pies, mi crema de afeitar, mi shampoo de pies, mi acondicionador de pies y muchas otras cosas que necesito para la aventura. Realmente me enteré de la nota hace cuarenta y cinco minutos y tengo un dolor de cabeza que no me aguanta.   Y así fue como se pusieron en marcha, alejándose de la posada en una hermosa  mañana poco antes del mes de mayo, montados en ponys cargados de bultos; y Bilbo llevaba una capa de color verde oscuro y una capa del mismo color que Dwalin le había prestado. Bellas capas tejidas en artesanía muy fuerte, hecha para durar toda una vida. A pesar de que le quedaba grande y ancha, Bilbo la usó mientras andaban en línea recta, pony tras pony.  Llegaron luego a tierras donde la gente hablaba de un modo extraño y cantaba  canciones que Bilbo no había oído nunca. Se internaron en las Tierras Solitarias, donde no había gente ni posadas y los caminos eran cada vez peores.  No mucho  más adelante se alzaron unas colinas tristes, oscurecidas por árboles, llenas de neblina. En  algunas había viejos castillos, viejos de aspecto, huellas de gente que vivió hace mucho tiempo y que nadie conoce.  Hasta entonces el día había sido soleado y lindo, con un cielo azúl y un calor soportable, pero ahora era frío y húmedo. Estas eran las Tierras Solitarias, nadie vivía aquí. Y llegó la noche aquí.  Bilbo llevaba la cuenta: la hora del almuerzo había sido tarde, la hora del segundo almuerzo no se veía y ya iba a llegar la hora del tinto de la tarde y después venían las onces y él no había comido nada desde medio día. La lluvia caía y caía y así había sido todo el día; la capa le goteaba en los ojos; tenía la capa empapada; el poney cansado tropezaba con las piedras; los otros estaban demasiado bravos o concentrados para charlar, había intentado sacarle conversación a todos y ninguno quería hablar con él.  Los enanos seguían al mismo paso, en el trance que tienen los viajes muy repetitivos y largos, el estado mental del aventurero, sin volverse ni prestar atención al hobbit.

El sol se puso en algún lugar detrás de las nubes grises. Cuando descendieron por un valle profundo con un río en el fondo, empezó a oscurecer. Se levantó viento y los árboles se mecían y susurraban secretos, pasaban la palabra de un grupo de enanos y un hobbit viajando en compañía.  El camino atravesaba un antiguo puente de piedra. El río estaba crecido por las lluvias y bajaba muy rápido de las colinas y montañas del norte. El viento trajo nubes que cubrían la luna llena, que alumbraba azúl. Entonces se detuvieron y Thorin dijo para sí - Cena.  Y la velocidad con la que todos corrieron a obedecerle y a cumplir sus propias tareas en un ordenado trabajo que era establecer un campamento impresionó a Bilbo. Él no supo ni qué hacer y se vió sentado en un lugar medianamente seco.  Pero las condiciones no permitían hacer campamento. Llovía y soplaba el viento y los enanos no podían hacer fuego, ni siquiera con sus trucos mágicos.   Entonces uno de los ponys se asustó y escapó corriendo. Se metió en el río antes de que pudieran detenerlo; y antes de que pudiesen llevarlo de vuelta,  Fíli y Kili casi murieron ahogados; y el agua había arrastrado el equipaje del  poney. Se fueron las provisiones, se fue la comida.  Todos se sentaron, tristes, empapados y hambrientos, mientras Óin y Glóin  seguían intentando encender el fuego y discutiendo el asunto.  ¡Allá hay una luz! — dijo Balin Una luz, roja, anunciaba vecinos, otro campamento. Entonces empezaron a pensar en saludar. Unos decían que "sí"  y otros decían que "no". Algunos opinaron que lo único que se podía hacer era ir y  mirar y Bilbo decía que cualquier cosa sería mejor que poca cena y que necesitaba comer su cena segunda y desayunar al menos dos veces mañana y cobijas secas para dormir.   —Ninguno de estos lugares es bien conocido y las montañas están  demasiado cerca. Rara vez algún viajero se aventura ahora por estos lados. Los  mapas antiguos ya no sirven, las cosas han empeorado mucho. Los caminos están solos y cuanto menos preguntas hagas menos dificultades encontrarás.  —Al fin y al cabo somos catorce.  —¿Dónde está Gandalf?  En ese momento la lluvia empezó a caer más fuerte que nunca.   —Al fin y al cabo, tenemos un saqueador entre  nosotros ¿Que pasará con los enanos y el hobbit? ¿Dejará de llover? ¿Bilbo podrá dormir con cobijas mojadas? ¿Los hobbits usan medias? Todo esto y más lo escucharás en la próxima narración de GRIMORIA de una adaptación de la bora de J.R.R. Tolkien EL HOBBIT. 

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